Horror

by Lui Antonioli at/on viernes, diciembre 04, 2009
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¡Tenía que entrar!
No encontró la llave; el picaporte se resistía, empujó con el hombro, pegó una patada y nada.
Tomó carrerilla y con el paraguero bien firme arremetió contra la madera, que por fin cedió.
El interior apareció repentinamente: desordenado y caótico; no podía fijar la mirada en algo concreto, tal era la confusión que reinaba. ¿Y así había quedado el apartamento?
¿Adonde estaba Tron? Rebuscó entre la tapicería rota, las plumas de los almohadones, las hojas de los periódicos destrozados...
¿Qué podría haber pasado? No debía haberlo dejado solo, habría que haberlo vigilado. Los gatos negros traen mala suerte, decían.
La llamada de uno de los vecinos acusando del ruido, lo puso en camino rápidamente.
Nervioso llegó al dormitorio y la misma escena: todo revuelto y trastocado.
Se asomó debajo de la cama y unas uñas afiladas acompañadas por un bufido trataban de acercarse a su cara. "Tron, cálmate, soy yo" Alargó la mano y tocó algo viscoso, la retiró súbitamente y con horror vio que era sangre. "Tron, bonito, ¿te has hecho daño?" El gatito seguía bufando, por lo que trató de correr la cama para ver si así podía alcanzarlo.
Primero apareció una mano, luego un brazo y finalmente el cuerpo casi descuartizado de una joven mujer. Trozos de carne sanguinolenta, huesos quebrados y un rostro perfecto de una adolescente. Y el gato sin aparecer, seguía escondido, no podía verle, sólo los gruñidos. De pronto una bola peluda y blanca salió corriendo. ¡Ese no era Tron!
Sorprendido se levantó y, mirando a su alrededor con un poco mas de detenimiento dijo en voz alta: "Esta vez sí que me equivoqué de puerta!"


Feliz cumpleaños

by Lui Antonioli at/on sábado, noviembre 21, 2009
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... Y pensar que fue ayer...
No tan ayer, hace bastante tiempo, yo diría que casi un siglo había transcurrido desde ese día en que por fin le conocimos. Tanto hablar de él sin ni siquiera haberlo visto nunca.
...¡Qué tiempos aquellos!...
El sol resplandecía intenso y avasallante sobre nosotros, la brisa del mar se enredaba entre los cabellos, el salitre empapaba nuestro cuerpo y eramos felices.
...Y parecía mentira...
Fuimos directamente a casa él estaba esperándonos.
Nunca olvidaré ese primer momento en que le vimos. Parecía tan indefenso, tan pequeño, tan desamparado y desvalido. Tenía ganas de tocarlo, pero no me atrevía.
...¡La vida era bella!
Celebrábamos siempre ese primer encuentro.
Las risas y la alegría inundaban la casa y el jardín.
Corriamos arriba y abajo como niños traviesos esperando no ser descubiertos.
...Y creíamos en la felicidad...
Te vimos crecer, te vimos vivir, te vimos sufrir.
Compartimos tantos momentos gratos que no sé realmente cómo hubiese sido nuestra vida sin ti.
...¡Fuiste nuestro júbilo!
Hoy cantaremos nuevamente el "Cumpleaños feliz" como siempre lo hemos hecho desde hace veinte años. Aunque esta vez u no estés presente.
... Y Sultán se había ido para siempre...


Regalo

by Lui Antonioli at/on viernes, julio 03, 2009
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REGALO


Voy a hacerle este bonito regalo. Tendré que enviarlo. Lo había prometido. Veré si consigo un momento libre para hacer el paquete. Tendría que llegar a tiempo para que lo recibieran antes de la fiesta, y sin embargo aquí estoy, sin ni siquiera haberlo envuelto. Habrá que apurarse, el fin de semana se acerca. Manos a la obra. Buscaré en el armario una caja de zapatos vacía.


Creo que he tenido una muy buena idea en querer hacerle este presente.


Me acuerdo claramente de lo que sucedió ese día, y más todavía de la expresión de su cara cuando su querido gatito se abalanzó sobre mi rostro y la destrozó. La sorpresa y el dolor me cegaron por un momento, pero alcancé a ver esa sonrisa complacida y esos ojos burlones. Ya en el hospital recordé que había sido él, que le había dicho al bonito gatito mientras me abrazaba – Ronron, ésta es mi querida amiga Julia.


Y ahí vino la sorpresa, esa masa peluda sobre mi cara, la sangre, la ambulancia, el quirófano y ese convencimiento de que él había disfrutado de la demostración de cariño de su bonito gatito.


Era hora de que le demostrara yo también el mío.


Nó, la caja de zapatos es demasiado grande y adentro las piezas se pueden mover, mejor en una bolsa de plástico, buscaré una de burbujas, así también las protegerá, son herméticas y seguras.


No me invitó a la fiesta, es lógico, ya que no nos hablamos desde ese infausto acontecimiento.


Ahora tiene otra amiga, me han dicho. Claro, quien iba a querer salir con Julia la de la cara llena todavía, de cicatrices que me están amargando la vida desde aquel momento.


Ya está, ahora en el sobre escribo la dirección y listo el paquete.


Veremos, si cuando lo abra, se le ponen de nuevo los ojos burlones y se le dibuja en el rostro esa sonrisa complacida.


Aunque, a decir a la verdad, no se si reconocerá las patitas, la cola, y la cabecita de su querido Ronron.


RECUERDOS

by Lui Antonioli at/on sábado, abril 18, 2009
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RECUERDOS
“Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que una mirada intensa y profunda se fijó en mis ojos, y menos todavía la última vez que yo miré así. No me había dado cuenta antes, pero ayer viendo una película en la televisión y observando cómo se miraban los dos personajes de la película, me hizo reflexionar sobre ese hecho. Se les veía tan compenetrados, tan inmersos, el uno en la mirada del otro, que me estremeció. Al terminar la proyección todavía retenía esas miradas en mi mente y me puse a llorar. Extrañaba el no poder entregar todo mi ser a alguien, el no tener destinatario para mi mirada y el no tener otros dos ojos que la recibieran comprendiendo el significado. ¿Cuántos años pasaron? El último fue un lejano día en que, sin mediar palabra alguna, te despediste. Lo entendí enseguida y te la devolví agradeciendo el gesto. Sé que fue un segundo, pero lo conservo como si hubiese sido toda una vida. No fue el primero, sólo fue el último de tantos y tantos encuentros, en donde nuestros ojos hablaban solos y sin mediar sonidos, que muchas veces sobraban. Como en esta película, en la que se podía sentir la intensidad, tocarla casi, y considerarse completamente huérfana y desamparada frente a tanto derroche de sentimientos. Sé con certeza que entre nosotros ya todo acabó, pero siempre me queda la duda, ¿y si nos volviéramos a ver? ¿Sería lo mismo? No, eso nunca, lo acabado está cerrado, y basta. El pasado no regresa jamás, y comenzar como si no hubiese pasado nada... Impensable, sería algo indigno y viciado de entrada. Mejor buscar nuevos horizontes. Tendré que planteármelo seriamente, ya que siempre dejé que las cosas sucedieran por azar, por pura casualidad, y ya se ve cómo me ha ido... sentada en el balcón esperando a que el príncipe azul llame a la puerta.”
Cerró el libro de golpe, estaba verdaderamente harta con tantas tonterías juntas. ¿A quién se le ocurría poner su vida en una mirada? ¿Cómo la gente podía escribir semejantes cosas? No lo entendía, y menos todavía que el libro fuese super ventas... Eso le pasaba por comprar los promocionados a bombo y platillo; aunque ya había aprendido, no caería otra vez.
Se cambió y salió a la calle, sin rumbo fijo, sin meta alguna, sólo quería respirar un poco de aire fresco. Miraba los escaparates sin interesarse por nada en concreto. Unos chiquillos jugaban en el pequeño jardín que, entre los edificios, daba un poco de color a la acera. El único asiento estaba vacío, se acercó y lo ocupó, complacida por el trozo de sol que iluminaba ese micro cosmos feliz. Las madres y niñeras estaban reunidas en pequeños grupos. Una pelota rodó hasta sus pies, quiso devolverla al niño pero con tan poca fortuna que terminó en la rama de un árbol. El niño la miró con verdadero odio. Ella enrojeció sintiéndose culpable, y levantándose quiso ver si alcanzaba a descolgarla. Ayudada por un palo logró bajarla. La alegría de los niños fue sincera y efusiva y regresaron a su juego. Del odio no había ni la sombra.
Una niña, pequeñita, casi invisible, se acercó y con voz imperceptible le susurró muy despacito: -¿tu a mi me quieres?
Desconcertada, no supo qué decir, sólo la tomó en sus brazos y le dio un beso. La madre, desde la distancia, le sonrió y asintió agradeciendo al acto de afecto. Ese cuerpecillo chiquito, el perfume a niño recién bañado y esas tiernas mejillas la emocionaron, de tal manera que no supo cómo desprenderse del abrazo de la pequeña y medio en broma le dijo:
–Vamos, vamos, que ya eres grandecita para arrumacos...
-¿Y tu niño, dónde está?- preguntó entonces la niña, mirándola extrañada.
-Yo no tengo niños.
-Pobrecita. Entonces… ¿con quien juegas?
-Yo no juego con nadie, soy muy mayor para eso.
-Mi mamá y mi papá también son grandes, pero ellos siempre juegan conmigo. ¿Por qué tú no?
-Porque yo estoy sola- respondió de pronto con una voz tan dura que al escucharse se sorprendió. Bajó a la niña del asiento y, con premura, se fue.
De repente había sentido ese hueco en el estómago, un vacío incontrolado que no se supo explicar. Una gran piedra se había alojado en su mochila. Un dolor intenso se extendió por todo el cuerpo convirtiéndolo en un bulto pesado y sin energía. A duras penas llegó a su casa.
Sentada en el sofá, con el teléfono en mano, marcó un número. Esperaba desesperadamente una voz.
LUI


LA PRIMAVERA ( Texto de Lui Antonioli )

by Lui Antonioli at/on jueves, abril 16, 2009
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LA PRIMAVERA ( Del libro colectivo Encuentros en la Parisiena )

Verde claro, frágil y luminoso que al primer rayo de sol explota como luciérnagas diurnas.
Nadie lo dice abiertamente pero creo que todo el mundo lo percibe en su interior, pensaba Luís, mientras sentía como el cielo azul transparente en ese aire fresco y límpido, inundaba sus pulmones, - si, ya está aquí - se dijo - está rodeándome tratando infructuosamente de dar vida a mis pobres miembros.
Pasan los años y ella siempre llega dándome ese sentimiento de vitalidad ¡Cuan generosa es!
No importa el tiempo pasado, no importa lo mal que lo hayamos utilizado, más tarde o más temprano está aquí ofreciéndonos su alegría, despertándonos de nuestras cotidianas miserias.
Juan se desplazó en su silla de ruedas hasta acercarla a una maceta que en su balcón recogía el sol matutino y acariciando las pequeñas hojas que nacían a la vida sonrió con restos de felicidad.
Recordaba cuando en esta época corría por los prados tumbándose en la verde hierba, mordisqueando pequeñas hebras dulzonas y mirando hacia el sol.
Era todo tan puro y diáfano, tan traslúcido y etéreo... como ahora, era la misma sensación, por mas que no hubiera prados verdes a su alrededor y por mas que no hubiese carreras con sabor a verde.
El evocar su vida en otros tiempos hizo que ese momento, mínimo, imperceptible del recuerdo le animase e hiciera posible que la alegría regresara a su vida por unos instantes; que fueron eternos en su caída desde el décimo piso.


LUI ANTONIOLI





EL PARAGUAS y otros cuentos , de Lui Antonioli, es el nº 7 de Los Cuadernos Literarios Tirarse al Folio publicado por Ediciones Cardeñoso (Vigo) febrero 2009

Lui Antonioli
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Lui en la Parisiena leyendo uno de sus relatos



 
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